La edad de la sabiduría

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Cada siete años nuestras células en nuestro cuerpo se renuevan completamente, o sea, que cada siete años estrenamos un nuevo cuerpo.

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“La primera vez que hice tal transmutación fue cuando conecté mi conciencia a los siete años. Fue tan grande la sorpresa cuando me asomé a un espejo en la casa de mis abuelos y me puede dar cuenta que yo existía, que tenía un cuerpo y que, ¡podía expresarme igual que los gigantes adultos que me rodeaban!”

Era un niño un poco diferente, callado y retraído; tal vez todos los que estamos persiguiendo a la maestra de reencarnación en reencarnación, nos hemos dado cuenta de ello, en nuestro fuero interno somos distintos. Luego volvió a surgir la transmutación de un nuevo cuerpo. Cuando tenía catorce años me llamaban adolescente y no sabía por qué, me sonaba como que yo adolecía de una enfermedad o algo parecido. Hasta que dije la frase que todos decimos en aquella edad: ¡Es que nadie me entiende!

A los veintiún años, ya hacía dos años  que me había casado, fue la tercera vez que mis células se regeneraron y volvía a estrenar un nuevo cuerpo. Estaba yo visitando a mis padres, y en una de esas conversaciones tan típicamente familiares, mi madre me preguntó por primera vez cuál era mi opinión, me sorprendí muchísimo, porque mientras uno no demostraba que pedía ser independiente, los padres no le preguntaban a uno nada.

La cuarta vez, que tuve un nuevo cuerpo fue a los veintiocho años, me di cuenta que la vida no era nada fácil, y a partir de ese momento vi a mis padres como unos verdaderos héroes, como lo que son realmente.

A los treinta y cinco años, volvió otra vez la transmutación, hubiera querido que se hubiera detenido el tiempo porque el pensar que: ¡se acercaban los cuarenta me daba mareo! Estaba en un país extranjero, obligado a hablar un idioma nuevo, fue una prueba, ¡pero crecí!

Luego volvió a ocurrir a los cuarenta y dos años, hacía seis años había sido nombrado maestro; fue cuando mi primera arruga apareció en mi mentón, el único consuelo fue que surgió de tanto reírme. Me recordó cuando apareció mi primera cana a los treinta, salió en mi bigote y decidí rasurármelo para siempre.

_DSC0525Ahora en el 2016, vuelve a ocurrir lo inevitable, el 21 de julio vuelvo a cambiar de cuerpo. Es la edad de la sabiduría, porque llego a la cima, de acá para adelante sigue una especie de descenso, ¡la próxima vez que me vuelva a ocurrir tendré cincuenta y seis! ¡He recibido tanto de la vida! Sin ánimo de sonar fanfarrón, me he sentido un mimado de Dios. Solo hoy tengo agradecimiento y con la idea exacta que: ¡nada de lo que me pase por fuerte o cruel que sea, si no me mata, es para mi bien! Todo, absolutamente todo ha sido para mi crecimiento físico y espiritual. He recibido tanto de la vida que     ahora solo deseo compartir lo aprendido, ahora soy más descomplicado, trato de andar ligero de equipaje, ¡ah!, pero eso sí, quiero viajar por el mundo entero, disfrutar la vida al lado de quienes amo y saborear cada sorbo del Cáliz de la vida.

Autor: Rosur (Roberto Suárez)

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