¡Suba, Mamá Regina, Suba!

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Fecha: Bogotá, octubre 3 de 1982, edición: N. 1 Terrícola
Directora: Regina Betancur

Por: Alain Houel

El autor del presente artículo Alain Houel, es un joven sociólogo francés, nacido en Rabat, Marruecos. Obtuvo su grado en la Sorbona, en París y desde hace varios años llegó a América. Conoce más de veinte países del mundo y domina varias lenguas.

Alain HoueLlegó el momento culminante del curso de relajación mental de Regina “11”. Durante cinco horas en la tarde del sábado y cinco horas en la tarde del domingo Regina “11” había estado enseñándonos principios y técnicas básicas para mantenernos saludables y curar a los demás, para obtener abundancia económica y ser exitosos en nuestras relaciones humanas.

Durante todas estas horas, ella sola había logrado mantener nuestra atención, divertirnos con su chispa, sorprendernos con su don para leer el aura de cada quien y describir personas presentes, no físicamente, sino a través de su “proyección” en el salón del curso. Había logrado también intrigarnos cada vez que realizaba un “cambio de energía”, proceso que llevó a cabo varias veces, en una suave penumbra, estando todo el mundo de pie, con los ojos cerrados, la cabeza inclinada y en el cual solo se alcanzaba a percibir un leve sonido de efectos misteriosos.

Después de esta manifestación de vitalidad, talentos multifacéticos y carisma, Regina “11” iba ahora a dar una demostración más de los poderes que han hecho su fama: iba a levitar.

La expectativa creció en la sala del curso. A los estudiantes nuevos se habían estado juntando una cantidad de otras personas, estudiantes adelantados venidos solamente para presenciar y apoyar con sus energías la levitación de Regina “11”.

El público presente pasaba de 1000 personas, aunque era difícil hacer un estimado certero desde la segunda fila, en donde yo estaba sentado. Lo había hecho lo más cerca posible del escenario en donde se iba a realizar la levitación, a fin de no perder ningún detalle de la misma. Se nos pidió llenar el pasillo central con nuestras sillas y apretar más las hileras de asientos una contra otra, hasta formar una especie de barrera humana frente al escenario.

En el centro de la primera fila se sentó Danny Liska, el esposo de Regina, micrófono en mano.

Hay que explicar que en el escenario está ubicado un inmenso emblema del movimiento Reginista. Una pantalla blanca como para proyección de cine estaba pegada al emblema. Delante de esta pantalla y a una distancia aproximada de 40 cms de la misma estaba colocado un mueble, tipo “biffet”, de 1.20 m de alto y 1.60 m de largo. Una sábana blanca que cubría este mueble hasta el suelo y se veía que una almohada había sido colocada de un lado de esta “cama” improvisada. En el espacio entre el mueble-biffet y la pantalla del cine debía haber una silla o taburete, en el cual Regina “11” se había montado varias veces durante el curso para demostraciones de aura sobre el fondo blanco. Para los escépticos que

piensan que allí podría haber trucos, hay que añadir que el techo del salón está muy por encima del escenario, con vigas metálicas aparentes y que, por lo tanto, es imposible esconder allí cualquier mecanismo que pudiera levantar el cuerpo de Regina desde el techo. En cuanto al mueble-biffet sobre el cual ella se acostaría para la levitación en posición horizontal, es  un  mueble macizo, cuya tabla superior está firmemente sujetada al resto de sus partes.

Estábamos entonces esperando las levitaciones de Regina “11”. Digo “las levitaciones”, porque en esta oportunidad ella iba a levitar estando de pie, y después estando acostada en posición horizontal. El silencio se hizo en la sala; se apagaron las luces y Regina subió en el taburete detrás del mueble-biffet, el cual le llegaba hasta las rodillas tapándole los tobillos y los pies. Del fondo de la sala provenía una luz tenue y, sin embargo, suficiente para divisar con cierta nitidez, el cuerpo de Regina desdibujado sobre el fondo blanco de la pantalla.

Después del algunos instantes de intensa expectativa, el cuerpo de Regina empezó a levantarse levemente, y de pronto, estallaron gritos en la numerosa asistencia: ¡Sube, Mamá Regina! ¡Sube! El cuerpo de mamá Regina se elevó más, aunque sin que se llegara a ver sus pies, y parecía flotar suavemente como si fuera un globo, dando vueltas sobre sí mismo y cada vez que se inflaba la ola de gritos del público, el cuerpo de Regina subía un poco más; y cada vez que decrecía el volumen de los gritos, el cuerpo de Regina bajaba, como si hubiera una relación directa entre la energía contenida en las voces y la amplitud de la levitación. Después de un buen rato de levitación estando de pie, Regina se bajó de detrás del mueble-biffet y procedió a subirse y acostarse encima del mismo. Y allí la levitación tuvo un carácter muy distinto.

Con el empuje de los gritos y exclamaciones del público y de Danny Liska en el micrófono, el cuerpo de Regina “11” pareció ser halado bruscamente desde arriba o empujado desde abajo. A veces se levantaban sus piernas, a veces su tórax, y después volvían a bajar y a subir, y a bajar y a subir, todo esto en un tumulto de voces y de gritos del público. Daba la impresión que tres personas escondidas en el mueble empujaban hacia arriba, a veces las piernas, a veces las caderas y a veces el tórax de Regina “11”, pero nunca los tres juntos en forma coordinada. En todo esto, la sábana que recubría el mueble parecía pegada al cuerpo de Regina y seguía todos sus movimientos.

Al rato se hizo evidente, a pesar de las subidas, las bajadas y los movimientos bruscos y algo desordenados del cuerpo de Regina “11”, que este se encontraba a varios centímetros más arriba de la plataforma del mueble-biffet, sobre el cual se había acostado. Y entonces, empezaron a verse por transparencia haces de luz blanca- amarilla y un punto de luz roja que se movían, se encendían y se apagaban. La emoción del público llegó a un paroxismo. En un momento dado, Danny Liska pidió que estas luces iluminaran una fotografía de Regina “11” que estaba ubicada en la parte superior de la pantalla, muy por encima del cuerpo de ella, quien estaba levitando en este mismo momento y entonces después de tantear algo en su ubicación, un haz de luz blanca iluminó la fotografía.

Al final, después de un tiempo que me pareció bastante largo, pero que no sabía decir cuánto duró, el cuerpo de Regina “11” se aquietó y volvió a reposar horizontalmente sobre la superficie superior del mueble. Las luces del salón se encendieron y Regina, sonriente, con expresión relajada, se bajó del mueble donde había estado acostada. La sábana blanca fue entregada al público, quien se apoderó de ella con entusiasmo. Danny Liska subió al escenario y procedió a girar el mueble-biffet hasta que alcanzara a ver su parte trasera en la cual se pudo observar una estantería común y corriente totalmente incompartible con la presencia de compinches o de mecanismos que pudieran mover el cuerpo de Regina “11”, tal como lo vi moverse.

Los fenómenos que me fue dado presenciar esta noche son para mí inexplicables con la razón y el conocimiento ordinario; más aún, estoy convencido que lo físicamente observable allí no es sino una ínfima parte de lo que ocurrió mientras estábamos mirando y participando.

¿Qué complejidad de procesos biológicos, físicos, energéticos, psíquicos y mentales ocurren para hacer posible la levitación?, y mientras esta ocurre, ¿qué hace y experimenta mamá Regina mientras levita? ¿Cómo puede ella después de semejante proeza, y después de estos largos minutos de movimientos bruscos y aparentemente desordenados, “aterrizar” relajada y sonriente para seguir atendiendo amorosamente a todos los que se acercaron al escenario para pedirle algo?

Quizás mamá Regina tenga una respuesta a todas estas preguntas y algún día nos cuente todo lo que experimentó y todo lo que sabe al respecto. Quizás algún día Regina “11” nos enseñe a levitar como ella, y entonces tendremos los mismos conocimientos y poderes que ella tiene ahora, para utilizarlos para el bien mayor de cada quien y los más altos fines, tal como ella lo hace.

Ahora bien, quiero aclarar un último punto: mi reconocimiento y aprecio por Regina “11” no es mayor porque  tenga o no tenga el poder de levitar y de realizar otros prodigios. Mi reconocimiento y aprecio es porque he visto en Regina “11” un corazón abierto y amoroso hacia todos los que se acercan a ella en busca de un apoyo y reciben lo que necesitan.

Y a decir la verdad, más que compartir el poder de vencer la ley de la gravedad que tiene Regina “11” , me atrae el compartir sus cualidades de corazón.

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