La Religión y la Metafísica

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Fecha: Bogotá, diciembre 1 de 1982, edición: N. 4 Terrícola
Directora: Regina Betancur

La Religión y la Metafísica

editorLa Parasicología, que trata de los fenómenos síquicos, ha sido despreciada por los físicos de la ciencia moderna. La metafísica, una palabra vaga que nos quedó desde el tiempo de la antigüedad griega, es generalmente tomada como una filosofía especulativa que busca explicar la naturaleza de la realidad y por qué estamos usted y yo aquí. Durante mucho tiempo ha sido pisoteada en el polvo por aquellos que corrían a abrazar la doctrina religiosa  como la verdadera respuesta a tales imponderables. Los rusos han inventado las definiciones “psicotrónicos” y “tecnología Psicotrónica” para escapar del estigma asociado con la metafísica y la parasicología que a menudo pisaba los callos de los padres de la Iglesia que reclamaban ser los únicos custodios de la verdad absoluta.

Los rusos han sugerido que los OVNIS podrían ser “aparatos psicotónicos”    y no naves espaciales.  Yo encuentro tales términos confusos, pero en los anaqueles de las bibliotecas, buscando textos que pudieran iluminarme sobre la verdadera naturaleza de los platillos voladores, me encuentro aún más embaucado con frases seductoras, como las de “contingencia- espacio- tiempo”, pues aunque buscando su significado en el diccionario, todo para mí queda tan misterioso como antes. Pero de todas las definiciones que he investigado, la que más me gusta es “metafísica” y según mi interpretación de las muchas definiciones de la palabra, la metafísica es la sabiduría que va más allá de la ciencia. Ella facilita los medios para adquirir una compresión más profunda del mundo físico en que vivimos. Para los griegos la metafísica era la totalidad de la realidad. No veo nada, nada, que indique que esta ciencia se haya podido diluir con los dogmas y creencias religiosas. La fe no tiene nada que ver con la metafísica, en cambio la fe es la piedra angular de la mayoría de las religiones. No conozco ninguna religión que proponga una aceptación realista del fenómeno de los OVNIS, mucho menos la cristiana, que considera a la ignorancia una virtud y a los conocimientos insólitos, un pecado. Mientras que la religión hace énfasis sobre el reconocimiento de Dios, la metafísica recalca el reconocimiento del hombre. Aun cuando la religión tiene su origen en la tendencia natural del hombre de hallar una explicación final de las cosas, ella eventualmente llegó a postular que la razón de todo solo se puede encontrar en Dios. Voltee su pregunta como quiera y cuantas veces desee, la respuesta siempre nos lleva al mismo callejón sin salida. El sugerir que el hombre es capaz de comprender tales cosas es como insinuar que estamos tratando de restarle a Dios su omnipotencia. Que solamente Dios podrá saber el significado y causa de las cosas que son, eran y serán. Siendo cristiano, he permitido que mi religión domine mi cultura… mas no mi raciocinio. Creo que tanto usted como yo, tenemos la capacidad para entender la naturaleza de los platillos voladores, pero nos faltan los medios y creo que si abrimos nuestras mentes a lo que ofrece la metafísica, llegaremos a tener esos medios.

El obstáculo más grande que impide la comprensión de la realidad es el “racionalismo”. El racionalismo sobre el cual el pensamiento científico está basado, no está dispuesto a aceptar lo irracional. Para un científico no hay nada racional en cuanto a los OVNIS y la mutilación del ganado; para su mente este fenómeno es absolutamente irracional y por lo tanto “imposible”. Para los maestros de la metafísica, la fuerza racional como la irracional son una parte integral de la naturaleza del hombre, lo mismo como el brazo izquierdo y el brazo derecho son absolutamente parte del mismo hombre. En la metafísica uno tiene que contemplar la totalidad, el hombre completo, no únicamente sus brazos. Una vez que se inicie en la metafísica y cuando llegue la hora de la verdad, no hay diferencia entre lo racional y lo irracional, lo lógico y lo ilógico, entre sensato e insensato. En cierto sentido, la metafísica es un estado de la mente más bien que una filosofía y no es, ni será jamás, una ciencia académica.

En los círculos académicos, estando uno asociado con un asunto aparentemente ilógico y ridículo, se pone en peligro su propia carrera, y debido a esta tendencia la ciencia no es, ni será capaz de tomar un punto de vista objetivo sobre quién está matando nuestras vacas y castrando nuestros toros, y si acudimos a la religión para hallar la respuesta, nos dirá: “Solo Dios sabe tales cosas”. No estoy de acuerdo, yo creo que los hombres, usted y yo, podemos saber estas cosas, si consultamos la metafísica, en donde las normas y ética hipócritas no rigen. Mientras el Gobierno, la ciencia y la religión, discretamente se pasan la pelota de uno a otro, la metafísica es la única que tiene la capacidad de revaluar la realidad, y colocar al descubierto los platillos voladores, Patagrande y las mutilaciones del ganado, para que usted y yo podamos comprender realmente que son y mostrarnos cómo discutir acerca de ellos en un lenguaje que cualquiera pueda entender.

Para evitar el error de repasar los anaqueles de literatura de la ciencia ficción y explicaciones de las distintas teorías que nos dejan aturdidos, debemos reconocer primero que todo, que los maestros, los verdaderos sabios de la metafísica, no escribieron libros y muchos de ellos ni sabían leer o escribir. Aquellos que nos pueden dar las respuestas que buscamos no tienen diplomas pegados a las paredes de sus oficinas. Muchos de ellos nunca han roto sus vínculos con la madre naturaleza o abandonado la tierra que les dio la luz.

En nuestra búsqueda estamos tratando de un fenómeno que tiene muchas facetas; como rompecabezas que es, tiene muchas piezas y no hay un solo individuo que tenga todas las partes. Los fragmentos se encuentran regados y algunos de ellos están dentro de la sabiduría de hombres cuyos padres vivieron en los toldos indígenas, en los bohíos africanos, que dormían en hamacas en la jungla. Hay ciertos individuos especiales que saben… porque saben, no porque alguien les dijo, o lo leyeron en un libro o lo vieron en una película.

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