Su majestad el niño

"Los niños son el tesoro más preciado; son nuestro porvenir y la extensión de la vida" Regina "11"

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Fecha: Bogotá, julio de 1989, edición: N. 56 EL Terrícola
Directora: Regina Betancur 

Regina “11” va a tratar ahora el importante tema de la niñez, es en esta maravillosa etapa de nuestra vida en la que, por medio de las enseñanzas de los padres, se lograrán cimentar las bases que determinarán la calidad de vida y la solidez de nuestra personalidad para llegar a desarrollar el potencial innato que existe en cada uno de nosotros.

Los niños son el tesoro más preciado; son nuestro porvenir y la extensión de la vida.

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 Ahora voy a hablarles de un tema maravilloso como es de la niñez, esta etapa hermosa como es el de la niñez, esta etapa hermosa y determinante en la vida del ser humano.

Ese niño que usted engredó tiene derecho a la vida, debe venir a la tierra, y es él, esa misión de los padres para hacer que ese hijo sea la luz del mundo.

Cuando un niño nace, este llega al mundo con una energía gigante y es el amo y señor del universo. Por eso lo llamo “Su majestad, el niño”.

El niño es un recipiente que recibe todo lo que se le entregue, durante siete años consecutivos.

Es de suma importancia sembrar en el niño durante ese primer periodo, la conciencia de servicio a la humanidad y del engrandecimiento de su ser. Se le debe enseñar la importancia del trabajo para ayudarlo en la evolución y para que físicamente elabore algo que o capacite poco a poco mientras introduce totalmente su energía.

La energía del niño se divide en dos: El uso de razón o consciente y el subconsciente.


Al mentor debemos siempre sembrarle pensamientos positivos. Nunca se le debe mentir, porque así al niño se le deforma la percepción de las cosas. El fruto que obtengamos será de acuerdo a los que usted sembró. Si plantamos un árbol de aguacates. No podemos pedirle manzanas. Con nuestros hijos sucede lo mismo.

A los siete años es cuando el niño adquiere el verdadero “uso de la razón” y tiene un cambio de energía que, por primera vez, se divide para dar paso a la conciencia.

Al terminar su primer periodo de vida, es cuando él se capacita para sembrar en el terreno abonado por los padres; y, por consiguiente, el niño comienza a explorar y a explotar todo lo que le hayan inculcado durante ese periodo. Ahí se comienzan a ver cómo se germinan las semillas que usted sembró en su hijo y que pronto le darán el verdadero resultado.

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Todo lo bueno que se siembre se puede recoger después como un maravilloso fruto de alimento para la sociedad.

Después de siete años, los pensamientos de los niños deben encaminarse de manera positiva, y así mostrarles que, aunque no de rendimiento en la escuela, ellos todavía están capacitados y son inteligentes.

Cuando con gritos los padres le dicen a sus hijos que son unos estúpidos, o que son brutos, ellos entonces graban esto, y no se atreven a abrir la mente. Con estas actitudes negativas la incapacidad del niño se acrecienta.

Si se le enseña a los hijos a amar la vida, y les explicamos qué quiere decir una casa limpia y un cuerpo limpio, lograremos algo muy grande y extraordinario.

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Un niño con pensamientos positivos va a madurar más fácilmente, y en la edad de la pubertad no va a tener ningún complejo. Si se le puede enseñar a los animales con paciencia ¿Por qué no a los niños? Un animal carece de conciencia y todavía le falta mucho para llegar a igualarnos; entonces ¿qué se puede decir de una criatura que ha nacido con el cerebro, con una inteligencia, y con la capacidad de cinco sentidos e inicio de la conciencia?

Podemos educar a los hijos sin golpearlos, ni gritarlos. Si se le explica el porqué de las cosas, ellos entienden; pero es muy poco lo que entienden cuando se les golpea.

Cuando se llega a la bella edad de los siete años es en donde el niño comprende muchas cosas. Su inquietud aumenta, todo lo ve, quiere hacer muchas cosas; y, lógicamente, daña lo que llega sus manos. Pero, tranquilamente, el niño puede corregirse si recibe de nosotros la ayuda necesaria para enderezarse.

Tomemos a nuestros hijos de mano y expliquémosle que es la vida. Nunca les digamos que la vida es terrible, que estamos hartos y que la vida no se vale nada. Es muy grave ser negativo con los niños, porque esto puede sembrar en ellos el suicidio.

Expliquémosles que la vida es una oportunidad la más maravillosa y grande de todas las oportunidades. Y que aunque pasajera, debemos saberla vivir y hacer cosas bellas para dejarles una semilla sana como herencia a los futuros ciudadanos de nuestra patria.

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Yo quiero recomendarles a los padres todas estas cosas para evitar en sus hijos todo ese tipo e traumatismos que vienen después del uso de razón.

Guiemos al niño por el buen camino, e inculquemos en él la limpieza y la importancia del baño diario; y así, él encontrará el secreto del buen vivir.

Cuando los padres piensan que el niño ya es demasiado grande, son muy pocas las caricias que hay de su parte hacia ellos. Entonces es cuando la criatura, en lugar de tener nombre propio, casi siempre se le llama “cállese, quítese, córrase”, y también se le dice: “No se meta en conversaciones de personas mayores”. Y, si no le explicamos el porqué, pues le estaremos creando traumas que van a afectar su desarrollo.

Es de suma importancia aprender a conocer a nuestros hijos porque, si no los conocemos, ellos nunca van a conocer a los padres. Yo creo que todos tenemos la culpa de lo que a ellos les suceda, porque desde pequeños los traumatizamos, nunca hemos tenido relaciones humanas con esa criaturas que han venido al mundo gracias a nuestro deseo sexual. Si no está capacitado para compartir un minuto con ellos, si usted no puede siquiera tener un diálogo, entonces será mejor que no traiga hijos al mundo.

Recuerde que en la ley de las consecuencias, es donde se para “ojo por ojo y diente por diente”.

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Así que tenemos que darle al niño el pan de cada día, pero “el pan espiritual”, él vive del amor, del espíritu, de la gracia y del deseo. Nunca debemos llenarles el estómago de dulces porque ahí es donde comienzan a volverse adictos a las golosinas, y más tarde al alcohol y la droga.

Quiero recalcarles que una de las cosas más importantes como es la limpieza, el baño diario. Hagámosle sentir al niño el orgullo de mantener limpio, habituémoslo al agua porque la suciedad es sinónimo de ruina, y acaba con nuestra fuerza, con todas las amistades manteniendo siempre encima de nosotros una capa negativa.

Cuando el niño está muy sucio, lo padre están faltándole al respeto a ese hijo, debido que no les enseñamos la forma de vivir sanamente, y cómo puede tener una gran fuerza de atracción por intermedio de la limpieza.

Todos los días podemos educar al niño; sin peleas, podemos decirle “Vas a bañarte, a limpiarte; vas a recoger esa basura del suelo»

Si se lo decimos con sabiduría, el pequeño asimila y se acostumbra a ser aseado.

Usted debe estar muy interesada en su majestad el niño, y seguirlo educando hasta que cumpla cincuenta años de edad.

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Recuerde que usted tiene que ser un “profesional” para grabar en la vida de su hijo.

Entréguele suficientes conocimientos para que el niño pueda vivir feliz.

Todos nosotros tenemos períodos importantes cada siete años. Por ejemplo: a los siete está el uso de la razón a los catorce viene la edad de la pubertad; a los veintiuno la edad adulta, y en la edad de las siete veces siete, o sea a los cuarenta y nueve años, es en donde la persona alcanza realmente la madurez. Allí es cuando se adquiere toda la sabiduría. En este séptimo período, el ser humano empieza a entregar el verdadero fruto maduro, agradable. Ahí se llega a la plenitud de la vida.

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Yo quiero que mis enseñanzas le sirvan a usted para que aprenda a surgir física y espiritualmente, y que sean “traductores del amor” con sus hijos para que reciban, ahora y siempre: Salud, Dinero y Amor.

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