La vida y la muerte

"La gran mayoría de nosotros pensamos que somos dueños y señores de nuestros hijos, de nuestro esposo, de la esposa, de la mamá, del papá; pero cada uno debe tener una vida completamente independiente." Regina "11"

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Imagen Pixabay

Fecha: Bogotá, 28 agosto de 1989, edición: N. 57 EL Terrícola
Directora: Regina Betancur 

Vamos a hablar acerca de la vida y acerca de la muerte. Vamos a hablar mucho sobre esto porque tenemos que tomar conciencia de lo que quiere decir un vivo y de lo que quiere decir un muerto.

Aquí las gentes le ponen más atención al muerto que al vivo, y le ponen tanta atención al muerto que lo lloran todos los días, van al cementerio todos los lunes o domingos y le mandan celebrar un millón de misas – mientras que los vivos nos estamos muriendo en vida.-

Cuando una persona nace, se le debe desde nueve meses antes de nacer dar toda la atención y el respeto. ¿Por qué se le debe dar atención? Sencillamente porque en el momento que la persona pudo formar su propio cuerpo y tener un envase para introducir esa energía, inmediatamente empezó a tener la Gracia Divina.

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Cuando una persona está dentro de ese envase es porque ha sido un gran arquitecto, y por lo tanto merece nuestro cariño y nuestro respeto debido que ha tenido la gracia de pasar por todos los períodos que nosotros también pasamos.

Cuando una persona nace, tenemos que enseñarla a conocerse, a respetarse y a respetar a los demás. Debemos brindarle todo el cariño, más no alcahuetería, porque una cosa es brindarle todo el cariño a una persona y otra cosa es permitir que ella haga lo que se le dé la gana. La vida en realidad es una gran sorpresa que nos trae cosas maravillosas, pero la vida hay que saberla vivir.

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Cuando una persona sabe que tiene que nacer para morir, nunca le teme a la muerte, y por consiguiente vive más años. Ustedes saben que sólo temer a la electricidad hace que a veces nos pase corriente. El temerle al jefe hace que escribamos mal.

El temerle a algo hace que caigamos en esa trampa, el temerle al quedar embarazada hace que tengamos ese hijo. Entonces el temor nos lleva a tener esa muerte prematura. Cada uno debe saber que la muerte es un proceso, así como la vida es un proceso. Antes de nacer, usted tiene un proceso de nueve meses para vivir dentro del vientre de una mujer. Son nueve meses que usted va a estar ahí, y dentro de ese nido usted es el producto de ese molde que se formó en el vientre de una mujer, gracias al aporte de un hombre.

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Los cromosomas de su padre fueron los que dieron la base para poder formar ese cuerpo – o envase. Tuvo un proceso de nueve meses y luego nació. Después tiene otro proceso para empezar a caminar. Regularmente un niño normal camina de nueve meses a un año, y luego sigue el tercer proceso de la vida. En realidad nuestra existencia es un proceso que nos vamos formando, pero nadie tiene porqué juzgar cuánto tiempo tiene que vivir esa persona.

Hay espíritus que vienen y no necesitan más de dos meses dentro del vientre para terminar la evolución que tanto necesitaban; y, por eso, se forma un aborto porque el niño no necesita más de esa mujer y sale. Esa energía ya cumplió con ese proceso y tiene que retirarse para ir a otro lugar. Enseguida hay otros niños que, llegan hasta el último día de embarazo normal y nacen y mueren el mismo día de su nacimiento. Cuando vienen y mueren ese mismo día los padres lloran y patalean, y el papá le echa la culpa a la mamá y la mujer al papá sin saber que su hijo llegó y cumplió con su debido proceso.

Pero un aborto provocado es otra cosa, algo mucho más grave. A veces los padres golpean a la mujer y eso produce un aborto, algo que en realidad trae consigo muchos castigos. Posiblemente esa criatura de ninguna manera debía haber salido y tuvo que cumplir un proceso más largo; pero con los golpes que recibió la mujer él tuvo que salir. El niño en el vientre es una energía muy delicada. De ahí que se dice que una mujer encinta es muy peligrosa, y las serpientes se duermen cuando están cerca de una mujer encinta. La mujer embarazada tiene una energía triple: es la energía paterna, la energía materna y la energía del niño que está formando su envase.

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Puede ser el que el niño tenga que vivir cinco años y luego irse a vivir en otro lugar, es algo que tenía que hacer porque es un proceso que corresponde a su misma vida.

Por eso hay quienes nacen y mueren en un día. Hay gentes que nacen y mueren de ciento cincuenta años. Yo conozco personas que han vivido ciento veintiocho, y hasta ciento treinta años. Tengo una alumna de ciento tres años, tengo gentes viejísimas, pero puede ser que son demasiado jóvenes, que tienen que vivir mucho, como una tortuga o como un loro. Tienen que vivir excesivamente para cumplir el proceso que les corresponde.

Pero lo más importante en la vida no es tanto cómo es que voy a vivir- sino cómo voy hacer vivir a los demás, cómo voy a ayudarles a esa superación física y espiritual. La gran mayoría de nosotros pensamos que somos dueños y señores de nuestros hijos, de nuestro esposo, de la esposa, de la mamá, del papá; pero cada uno debe tener una vida completamente independiente.

Cuando nosotros vivimos con una persona con la cual no tenemos compatibilidad de caracteres, estamos destruyendo toda una familia. Lo primordial es el proceso de la vida. Si no podemos convivir más con una persona, esa persona debe vivir alejada de nosotros hasta encontrar su propio camino. Esa es la verdadera vida y debemos acostumbrarnos que nuestro hijo no es nuestro, más que para que nosotros le ayudemos. Pero cuando él quiera tener su independencia debemos dejarle lograrla, aun así le moleste mucho a usted. Ese hijo debe conformar un nuevo hogar; y si ese hijo se muere, debe ser que ya cumplió ese proceso, y que ese era el destino de él- y el nuestro también.



Nunca se le debe poner mucha atención cuando el niño o la persona ya murió. Se le debe prestar atención durante las primeras cuarenta y ocho horas después de la muerte porque la energía está todavía con nosotros, debido que el proceso de la muerte es también de nueve meses.

 

Todos sabemos con nueve meses de anticipación que nos vamos a morir. Empezamos a formar todo para poder morir tranquilamente, pero somos tan perfectamente hechos que de ninguna manera sabemos el día exacto de la muerte. Y esto es afortunado porque si sabemos la fecha nos volveríamos locos porque, hasta ahora, nadie ha podido aceptar la muerte. No nos resignamos a ella.

Yo soy la maestra y no me resigno, y sé que va a suceder y sé que es maravilloso y sé que vamos en evolución. Aun sabiendo cuántas vidas vamos a tener, todavía no nos resignamos a la muerte. La muerte duele igual que el nacimiento.

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Cuando nosotros nacemos, todos sentimos un dolor, pero luego ni siquiera lo recordamos; y al morir sentimos otro dolor, el desprendimiento de nuestra energía – y tampoco lo recordamos.

Ninguna persona se resigna a la muerte, pero cuando ya llega la hora de morir cada uno nos resignamos, y decimos: “Voy a morir, yo sé que voy a morir”. Entonces ya se toman las cosas muy normalmente, tan normal como lo que es la muerte. Los que no la aceptan como normal son las personas están alrededor del moribundo.

La muerte para los demás no la aceptamos. En nosotros mismos todos sabemos que vamos a morir, pero hay de que se muera un ser querido nuestro, pero hay de que se muera alguien de nuestra familia – esto se convierte en una verdadera tragedia.

La tragedia no es por el hecho de la muerte, no es por el hecho de que el difunto sea un hijo, un amigo, abuelo, o perro. La tragedia es que hemos entregado residuos de nuestra propia energía a este ser; y, ahora como está muriendo está soltando estas fuerzas.

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Cuando se acaricia constantemente a un perro, va dejando moléculas de su energía dentro de este animal; si ese perro muere, el amo siente un dolor tan terrible como si el perro moribundo fuera una persona. ¿Por qué siente dolor? Porque en el momento de su muerte, ese perro tiene la energía de su amo, algo que no le corresponde, ni puede seguir con ella en su próximo plano de evolución. Entonces, cuando el animal desprende la energía de amo, se siente los golpes que vienen cuando su propia energía se introduce dentro de usted.

Un hombre que engendró a un hijo- pero que no le reconoció, no sabe ni siquiera qué quiere decir ese hijo; y le importa un comino si se murió o no se murió. Pero si yo tengo mi hijo conmigo y lo acaricio todos los días, entonces ahí si se siente el dolor. ¿Por qué? Por esa energía que hemos depositado.

De todas maneras debemos pensar que la muerte es un proceso. No debemos llevar un vestido negro para demostrarles a los demás que estamos en sufrimiento- porque estar de luto trae consigo más muertes.

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Entonces no es por el muerto que las personas llevan un vestido negro; más bien es simplemente por el que dirán y por eso somos tan falsos, tan hipócritas. No es el dolor que sentimos, porque no se quita el dolor con un vestido negro; y, por el contrario, sí se aumenta el dolor porque estamos reviviendo a cada minuto la historia de una muerte.

Por:

Firma R11

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