El proceso de la muerte

El espíritu nunca recobra su energía sin dejar otra diferente en su lugar. La energía dejada beneficiara a los parientes, a los que estuvieron bien con el muerto, y ayudará al proceso de auto perfección.

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Imagen Pixabay

Mis memorias de Danny Liska

En el momento de morir, hay una total separación de la energía, el espíritu del muerto se desliga por sí mismo del cuerpo y desprende todas las energías ajenas que contiene unos pocos días antes de la muerte, el espíritu humano empieza a visitar todos los lugares, cosas y seres con los cuales ha estado en contacto durante su vida. El espíritu casi siempre sabe con anterioridad cómo, cuándo y dónde desencarnará, debido a que el espíritu tiene acceso al futuro, ha estado en su propio funeral y ha visto las flores y coronas dejadas por amigos y parientes. Al mirar y oler las flores, el espíritu deja un depósito de su energía ahí y luego, unos pocos días antes de morir, se va a recoger esta energía allí colocada y se lleva el olor consigo mientras hace “su paso”. Es por esto que a menudo un pariente o amigo siente el momentáneo olor a flores del funeral varios días antes que suceda la muerte, accidental o natural, de algún ser querido.

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El espíritu nunca recobra su energía sin dejar otra diferente en su lugar. La energía dejada beneficiara a los parientes, a los que estuvieron bien con el muerto, y ayudará al proceso de auto perfección.

Cuando el espíritu ronda en anticipación de la muerte de su amo, puede suceder que su energía haga contacto con la larva de una mariposa negra que ha estado adormecida en la casa del amigo o pariente; esto produce el efecto de activar y acelerar su metamorfosis de la larva, de modo que éste se convierte en polilla en el término de pocas horas. Esto explica por qué de pronto aparecen grandes polillas negras en la casa cuando un pariente o amigo está próximo a morir. Muchas veces cuando el espíritu ronda recogiendo su energía que ha dejado, su presencia se siente, especialmente por individuos muy sensitivos y por aquellos en los cuales ha depositado mucha energía durante su vida. Por esto algunos individuos han oído la voz, sentido la presencia, han visto la proyección o han soñado con la persona la cual va a morir pronto.

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Cuando la muerte por accidente va a ocurrir, y el espíritu cae en cuenta demasiado tarde de su pendiente desencarnación, éste, en su desesperación por recobrar sus depósitos de energía puede, al pasar, crear manifestaciones extremadamente impresionantes, y aun traumáticas.

La única excepción en al cual el espíritu no continua su proceso de disolución es cuando uno se muere quemado en accidente, y cuando su espíritu no es lo suficientemente evolucionado para dar una orden inmediata de salir rápidamente. En casos como éstos la energía del espíritu se convierte en galaxia – para jamás volver.

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Al ocurrir la muerte, el espíritu empieza un proceso y el cadáver otro. El cadáver contiene energías con las cuales ha sido compuesta su materia. Esta energía, que no se debe confundir con el espíritu o sus residuos, se empieza a soltar, poco a poco, durante la descomposición de la materia; y, en el caso de ser adulto, se termina su desprendimiento al cumplir setecientos días. En caso de que el cadáver sea un infante, se demora menos. La incineración del cadáver cambia este proceso, porque la energía del cadáver se desprende totalmente en el momento de la incineración.

Cuando la muerte ha ocurrido y el espíritu se ha separado del cuerpo, la inteligencia del espíritu deja de existir. El espíritu desencarnado generalmente se demora junto a su propio cuerpo por más o menos 48 horas, y entonces se separa de sus amigos, parientes y ambiente familiar y continúa su proceso de evolución en otro plano.

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Precisamente antes de que la muerte ocurra, y 48 horas después, de que suceda el futuro de la evolución está en un estado critico y altamente decisivo. Este es el período en el que el espíritu debe purgar por sí mismo cualquier energía ajena que ha acumulado o que no ha sido capaz de desechar. Si el muerto ha tenido una vida en completa violación de la moral y de la ley universal, la separación de la energía queda bastante difícil en este punto, debido a que si el espíritu no puede purgarse de energías foráneas y liberarse de todo lo que es extraño a él – no puede proceder con un natural proceso de perfeccionamiento. Por esto hay importantes ritos religiosos, tales como la confesión y extremaunción, que se aplican para ayudar a que la separación de la energía sea más completa.

Si el espíritu que está desencarnado ha sido contaminado con impurezas de energía acumulada a través de una historia de serias violaciones, tales como rapto de menores, asesinato, fornicación con animales o el uso sádico de magia negra, es altamente improbable que la confesión y extremaunción puedan suficientemente limpiar el espíritu de modo que pueda levantarse al Cosmos y entrar en otra fase de auto perfección.

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Si después de 48 horas de la muerte, el espíritu esta pesadamente cargado de impurezas de energías ajenas, su proceso de evolución se suspende durante un difícil y prolongado período, en el cual se le somete a purificación por el fuego.

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En cierto sentido, la tierra es como un enorme horno, con la corteza exterior encerrando gases y viscosa materia derretida. Si el espíritu está impuro por obligación tiene que ser arrojado bajo la corteza de tierra para emprender un largo y complicado proceso durante el cual, una vez más, repite su inmersión en el fuego líquido tan semejante que hace siglos y siglos el primer paso que hizo en el infinitamente largo proceso de crear el espíritu humano.

Después de la desencarnación,  el espíritu no puede razonar y por consiguiente no puede sentir pena o remordimiento, Si el espíritu está obligado a sometérsele al fuego, en la próxima vida encontrará salud, felicidad y realización espiritual mucho más difícil de alcanzar. El suspender su evolución de auto perfección y tener que regresar una vez más al fuego es pero castigo que el espíritu humano pueda sufrir. En los casos donde los delitos de moral eran de poca importancia, el espíritu puede purgarse al ser sumergido en el fuego por menos de una semana. Entonces se libera de sus impurezas y se eleva a través de la corteza terrestre y va al espacio al esperar el tiempo de su reencarnación. Sin embargo, si el espíritu ha cometido crasas violaciones contra individuos de gran magnetismo y poder mental, puede que demore años, o aun siglos, de sumersión ígnea para superar residuos adhesivos de estas extrañas energías, hasta que se debiliten suficientemente para que se separen del espíritu. Cuando esta energía foránea se purga, vuelve a su huésped original o simplemente regresa a la superficie de la tierra y se une con, y se dispersa dentro, la energía colectiva de la naturaleza. Si el huésped original vive todavía, la energía se reúne con su propio espíritu causando un breve periodo de desequilibrio en éste, y luego su amo goza un asombroso período de “buena suerte”.

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La tristeza de los sobrevivientes siempre ayuda al muerto a evolucionar normalmente. Por eso, es importante que todos los familiares amigos y conocedores del difunto sean avisados de su deceso. En casos donde esta noticia no ha sido debidamente divulgada, muchas de las energías foráneas expulsadas durante las primeras 48 horas después de la muerte se queden en el limbo y frenan la evolución del difunto. Pueden pasar semanas, meses o hasta años que los familiares y amigos sientan una inexplicable ansiedad. Así cuando los parientes o amigos caen en cuenta de esa defunción, soportan un periodo de tristeza o transitoria pena moral facilitando que esa energía en el limbo, sea devuelta a los verdaderos dueños, y así el espíritu quede liberado logrando evolucionar normalmente.

El proceso de purificar y templar el espíritu con fuego no es muy diferente al de someter las cerámicas al horno, como se hace en la pocelanización de la loza. Todos los que están familiarizados con la rueda del alfarero o han trabajado con ella, saben que si la arcilla tiene muchas impurezas, la calidad de la cerámica permanece dudosa durante el proceso en el horno.

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Si la temperatura es insuficiente para quemar todas las impurezas, es mejor aplastar la cerámica, reduciéndola una vez más a arcilla, entonces, cuando se remplaza el material dañado, se logra reformar esa cerámica. Luego, se vuelve a introducir al horno para ser sometida a temperatura mucho más elevada, manteniéndole allí durante un período más largo hasta que se quemen todas las impurezas. Así, la cerámica alcanza tan elevado temple que se porcelaniza, volviéndose muy quebradiza.

Una vez que el espíritu humano se ha limpiado con fuego, entonces se eleva de la tierra y se alza al espacio para esperar su vida futura.

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Cuando reencarna, durante esta vida su amo  refleja las mismas cualidades de la porcelana: aunque inmancable por ácidos extraños, el cuerpo permanece frágil, quebradizo y altamente vulnerable. Se daña y se enferma fácilmente si no está bien manejado. Por lo tanto, tal individuo raras veces repetirá los errores de su vida anterior; y, aunque espiritualmente firme, la enfermedad y las tragedias personales vienen fácilmente. Por esto hay personas que, aunque son muy correctas en su comportamiento, siempre encuentran que la verdadera felicidad, es un concepto inalcanzable. 

Con amor,

Regina “11”

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