La laguna misteriosa

"Parece que se trata de un lago encantado que no permite que todo el mundo lo conozca. "

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Fotografía Casanare.org

Mis memorias Danny Liska

El Cerro Zamaricote, ubicado en la parte alta de la población de Pore, Casanare, posee una zona montañosa e inhabitable. Solamente hay animales salvajes, como tigres, leones, osos, dantas, cafuche, zaíno y pavas paujiles. En el centro de la montaña, hay una laguna inmensa que tiene gran cantidad de patos y otras aves y animales de agua. En sus alrededores hay grandes bananeras, pero estos son misteriosos porque mucha gente allí ha encontrado racimos de banano maduro, listos para ser comidos, pero cuando los cortan y van a comer el banano, este se convierte en culebra o en otro animal de agua, como los morrocoyes o tortugas galápagos. Hay épocas en que la gente va y no encuentra la laguna, pero las plataneras y  bananeras sí. Cuando las personas empiezan a conversar, se desaparecen las plataneras y el agua empieza a crecer y se escuchan sonidos raros, como bramidos y truenos lejanos. De pronto el agua comienza a golpear las orillas, y empieza el mal tiempo, acompañado de truenos, relámpagos y rayos. Vienen lluvias tan fuertes que la gente tiene que salir porque el mal tiempo no los deja estar allí.

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Hay mucho turista ambicioso que han querido ir hasta allí a conocer la laguna, pero la mayoría de ellos no han podido lograrlo. Parece que se trata de un lago encantado que no  permite que todo el mundo lo conozca. Son muy pocas las personas que pueden dar testimonio de esto, y estos son los que viven en los alrededores de la serranía. Ellos cuentan que cuando se internan en la selva en busca de cacería, de un momento a otro, sin pensar en ello, se han tropezado con dicha laguna. Pero según ellos, no han podido tomar agua ni aprovechar ninguna de las “frutas preciosas”, como el banano, el limón dulce y los mangos.

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Allí también nacen caños y afluentes grandes, como el río Guachiría, y dos quebradas muy grandes que se llaman “La Curama” y “Vallagua”. Otra, la de “Aguablanca”, es donde se hizo la represa para el agua de Paz de Ariporo. Hay otro centenar de caños y quebradas donde se puede tomar agua y bañarse; sus aguas son muy cristalinas , pero también peligrosas porque hay momentos en que cae una fuerte lluvia y, en el término de 15 ó 20 minutos de estar lloviendo, ya bajan fuertes crecientes que llevan palos y piedras y producen sonidos temibles.

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Un señor llamado don Emiliano, de unos 45 años, iba de cacería cuando se encontró con esta laguna, donde vio un pequeño racimo de  bananos maduritos. Lo cortó, lo acomodó dentro de una mochila y se fue contento para su casa.

Anduvo mucho rato cuando se sintió cansado porque la maleta se puso muy pesada. En chiste, dijo: “Voy a comerme un banano”. Cuando se volteó para abrir la maleta que cargaba en su espalda, vio que la cosa que él cargaba no era un racimo de banano sino una gran culebra, enrollada. Emiliano se sorprendió y salió corriendo, y dejó hasta la mochila. Fue tan grande su miedo que nunca más volvió a  esa montaña. Muchos curiosos han invitado a Emiliano a que les muestre dónde cortó el racimo de banano, pero él siempre se niega a hacerlo. Y les sugiere que hagan lo que hizo él ese día cuando se fue en plan de cacería, y regresó cargando una culebra viva.

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Eliseo Alonso relató que un día fue invitado a un paseo. Abrieron una trocha y, después de andar bastante dentro de la montaña, encontraron cafuches, venados y pavas paujiles en abundancia. Para poder aprovechar la cacería, no se puede hacer ruido.

Pero tarde o temprano uno se va alejando de la trocha o se pica. Parece que a la montaña no le gusta el bullicio de la gente, y trata de hacer que uno se desoriente en la entrada y salida. Es misterioso cómo en un momento puede estar calentando el sol, y de pronto el cielo se cubre de nubes, de lluvia y truenos. Naturalmente, uno se queda desorientado. Cuando Eliseo y su compañero empezaron a buscar la salida, encontraron que estaban entrándose más a la montaña. Les tocó dormir allí y esperar el nuevo día para subir a una parte alta y silenciosamente buscar la salida.

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