Los Huevos de Fénix

Un día pregunté a Regina qué era esta piedra en forma de huevo, y ella contestó: “Esta fue hecha por un rayo”.

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Imagen Pixabay

Mis Memorias Danny Liska 

Un día alguien regaló a Regina una piedra blanca de textura de mármol blanco y con la forma y el tamaño de un huevo grande que tenía 8 centímetros de largo. La piedra era semejante al huevo que ponen los patos, pero con ambos extremos en punta. No nos acordamos quién regalo esta piedra, pero fue en Bogotá, como en el año 1987. Los casos en  los que le regalan piedras a Regina son bien comunes, pues cuando un Reginista tiene una piedra extraña, y después de mostrarla a todos sus familiares y conocidos, casi siempre optan por entregársela.

Un día pregunté a Regina qué era esta piedra en forma de huevo, y ella contestó: “Esta fue hecha por un rayo”. De todas maneras, la piedra quedó en nuestra alcoba, y las empleadas domésticas la movían de vez en cuando de un cajón a otro. Cuando llegó a ser un estorbo, llevé la piedra y la coloqué encima del escritorio de Regina en su oficina del Centro Saurológico de Bogotá.

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Una noche en 1990, Regina resolvió llevar la piedra al escenario, donde dictaba un curso para los avanzados. Durante el rito la piedra se iluminó como un bombillo de color rosado. En la parte final del curso, Regina entregó la energía personalmente a cada alumno; y, con la piedra iluminada en sus dos manos, pasó y tocó el pecho y la frente de cada uno. Cuando Regina me entregó esa fuerza, sentí algo celestial, y de ahí en adelante, para mí, esta piedra es el “Huevo de Fénix”.

Este mismo huevo se ve en los jeroglíficos de Egipto, cargados por una enorme ave sagrada.

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Más al sur de África, la comunidad del suroriente de Bantú y los Shonas tienen la creencia que un ave del cielo baja en las tempestades con los rayos y coloca sus huevos donde el rayo entra a la tierra. Esos huevos son considerados como poseedores de propiedades mágicas, y por lo tanto son buscados por los hechiceros que los desentierran para utilizarlos en sus ritos y trabajos medicinales. Lo mismo sucede en el diminuto país de Barotseland.

Para mí fue una dicha encontrar a un colombiano, el cacique y cuentero Huitoto, Hitoma Safiama, de Leticia que sabe mucho sobre estas, “piedras de fuego”. Los Huitoto las conocen como “bala”. La señora de Hitoma supo de un caso en la Chorrera, Vaupés, donde dos muchachitos Huitoto cayeron muertos con una de estas piedras mientras jugaban en el patio de su casa. Como era algo tan insólito, pidieron a un sabio de la tribu que analizara la cosa y así verificaron que la piedra había sido hecha por un rayo, y ésta quedó en poder de un brujo malo que siempre la utilizó para matar, mágicamente, a sus enemigos y a sus familiares.

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Cerca de mi pueblo en  Nebraska, hay una comunidad de Santee Sioux, cuyo folklore manifiesta que en la antigüedad los diminutos y peludos seres humanos, conocidos como “canto-tilá”, utilizaban rayos y piedras mágicas durante sus peleas con los invasores venidos de las estrellas que llegaron para quitarles sus terrenos.

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En Knox, mi condado natal, hay un investigador, Gary Evans, que estudia los fenómenos paranormales, especialmente los ovnis y las mutilaciones de ganado. De vez en cuando Gary recibe una llamada para investigar la causa de los huecos profundos en la tierra que aparecen después de las tempestades eléctricas. “Son huecos producidos por rayos, y a veces tienen hasta más de 10 metros de profundidad”, me contó. Hasta ahora a Gary nunca se le ocurrió excavar el hueco para ver si ahí debajo se encuentra un “Huevo de Fénix”.

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En cambio, los Pieles Rojas sí excavaban estos huecos de rayos y utilizaban los huevos de piedra en la fabricación de sus “tomahawks”, una especie de hacha de guerra. El dueño de esta arma celestial se convertía en guerrero invencible, y en ocasiones tiraba el tomahawk como un misil, con una puntería increíble.

Lo que más me extraña del huevo de mármol que Regina tiene es que, aunque en los ritos se ilumina como una brasa, siempre se mantiene fresco, casi frío, no importa la temperatura ambiental. El mármol europeo también tiene esta cualidad.

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Una de las más extrañas tradiciones cristianas dice que el “Pilar de Zaragoza” cayó del cielo. En esa época, había otras columnas de mármol que cayeron así, y éstas fueron consideradas como sagradas y colocadas en templos o utilizadas en asuntos mágicos. Existe mucha documentación sobre estos objetos de mármol; uno de ellos cayo en Constantinopla, en el año 416 A.D.

El famoso investigador Charles Fort estaba muy asombrado con las piedras extrañas que se encontraban cerca del sitio golpeado por un rayo. A veces éstas quedaban incrustadas en el árbol que recibía la descarga. Cualquier clase de estas piedras tiene sus poderes mágicos, y se dice que purifican el agua cuando son colocadas en un vaso. Y si éste contiene veneno el líquido se vuelve potable.    

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