El Mandala

"El mandala es la proyección visible del universo espiritual, en el centro del cual reside una Divinidad Suprema. Sirve entonces para la iniciación del discípulo, que penetra en el cosmos y avanza hacía el centro, donde es admitido para que se identifique El Creador.

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Imagen Archivo El Terrícola 

Mis Memorias Papá Liskita

En el año 1989, Regina resolvió hacer unos mandalas de alambre dorado, adornado con pepas de murano, y los entregó a sus letas en un rito especial que se efectuó durante el Segundo Congreso de Letas, que se reunió en Medellín. Después de entregarlas, ella colocó los Letas en círculo e hizo un rito unificador. Con el poder de esta ceremonia, las pepas blancas de murano se volvieron azules, una transformación que hasta tuvo efecto en algunos mandalas que se quedaron encima del escritorio de Regina, ubicado en su oficina en el segundo piso en el centro de Medellín.

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Al recibir mi mandala, me quedé con la obsesión de aprender todo lo que se pudiera saber sobre este atractivo adorno, pero jamás he podido encontrar el significado de “mandala” en el diccionario, ni en español, ni en inglés. Como soy un poco persistente, seguí con mi tarea hasta que encontré mención del mandala en los libros orientales que tratan acerca de las creencias hindúes y budismo tibetano; también lo mencionaban en el libro “El Hombre y sus Símbolos” escrito por Carlo G. Jung.

(Entérese: Curando los orzuelos)

La mayoría de las descripciones de la mandala tienen connotaciones reliogiosas. Pero, más objetivamente, se puede decir que las figuras de la mandala se distinguen por su sencillez, simetría y armonía, al igual que sus movimientos. En ellas se puede encontrar las configuraciones y movimientos del átomo, de la galaxia, de Saturno y de la Tierra ( con la línea del Ecuador, los trópicos y los polos achatados). Al darle movimiento a la roseta, con ángulos de 45 y 90 grados se pueden lograr más de 25 figuras diferentes.

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Un día, como por arte de magia, apareció  encima de mi escritorio una fotocopia de un libro llamado “Teoría y Práctica del ( masculino) Mandala”, escrito en italiano por Giuseppe Tucci, y traducido al español. Esto puso fin a los meses de mi infructuosa búsqueda de este escaso libro en las bibliotecas de Bogotá y también de Italia. El misterio se aclaró cuando Hernando Avilés llegó un día a decirme que una pasajera Colombiana que iba en su bus municipal de Bogotá observó su mandala, e inició una conversación y amistad con él; luego, esta señorita le prestó  su copia del libro para fotocopiarlo — y así Hernando me hizo un duplicado y lo colocó en el escritorio. También encontramos otros dos libros, que trataban de el mandala: El Secreto de la Flor de Oro”, escrito por C.G. Jung y R. Wilhelm, y “El Budismo Tibetano” por Jean – Michel Varence.

OTROS ARTÍCULOS:

Un día la leta Anthonieta Velarde me entregó el siguiente escrito sobre el mandala, tomado de un texto indio:

“El mandala es la proyección visible del universo espiritual, en el centro del cual reside una Divinidad Suprema. Sirve entonces para la iniciación del discípulo, que penetra en el cosmos y avanza hacía el centro, donde es admitido para que se identifique El Creador.

(Puede interesarle: El tejido de la araña universal)

Es un medio de meditación  y una base para la evocación de la divinidad que, mediante un acto mental del iniciado, capta las conexiones místicas entre los elementos constituidos, que son los más variados  del mundo terrestre y del mundo divino. Después, domina uno tras otro cada uno de los elementos del mandala hasta que llega a la figura central que simboliza lo absoluto. Se identifica, entonces, con esta visión de lo Divino.

(Disfrute: Todos somos maestros)

Después de leer el libro: “El Secreto de la Flor de Oro”, caí en cuenta que no podía adquirir ningún verdadero conocimiento profundo acerca del mandala a través de las lecturas escritas, y resolví que a mí me correspondía el sacar la verdadera tesis sobre la energía primordial: La Fuerza Mandálica.

Espera próximamente el Artículo  La Fuerza Mandálica.

 

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