“Notas de la Maestra Regina 11”

Amado Saurólogo:

 

Ayer, estuve en Concordia con 140 personas ke me acompañaron.

Fue un viaje demasiado largo por cuanto tuvimos ke esperar 2 horas en un lugar y luego otra media hora  unos kilómetros más adelante.

En realidad el viaje fue como un calvario, pero llegamos a un pueblo bello y transformado, en donde el señor alcalde se cansó de esperarme porke tenía una reunión en la gobernación de Antiokia.

No fue posible ke me esperara, pero acto seguido llegamos al restaurante ke keda en el marco de la plaza.

Allí toda la gente tuvo un gran percance: no tenían agua ni luz, mas se las arreglaron y tuvimos un suculento almuerzo.

Todo el personal se portó con gran altura y profesionalismo. La comida ni hablar, todo estaba exkisito. !Ké delicia!

Salimos y fui a una preciosa casa en donde me permitieron hacer la siesta. Ya salía para el lugar de mi nacimiento, pero me llamaron la atención diciendo ke me esperaban en la alcaldía, los funcionarios.

Entré con un pekeño grupo y fue una dicha hablar con ellos, tomarnos fotos y luego recordar ke cuando allí no era la alcaldía, yo estuve en esa casa escribiendo el libro “METAFÍSICA 7 EN UNO” y algunos artículos para la revista Cromos.

Fuimos con algunos funcionarios a conocer el teatro para en cualkier eventualidad, poder dictar el curso en ese lugar.

Me asombré al ver el teatro en donde yo había dictado un curso en la época del padre Obando, cuando él y todos los sacerdotes al igual ke mucha gente del pueblo habían asistido y salieron felices.

Encontré ke su escenario y silletería, habían cambiado para bien.

De allí, nos desplazamos hacia el sitio en donde yo nací. La casa se había caído y construyeron una casa prefabricada y al lado, tiempo después, un hermano de la dueña también edificó otra pekeña casita.

Este señor me llevó a la parte de atrás del terreno y me informó ke en ese lugar habían construido otra casita, pero un incendio acabó con ella.

En ese lugar se tomaron cantidad de fotos con todo el grupo.

Luego nos acompañó el campesino señor Antonio Hernández,  hombre de gran sabiduría ke nos llevó hasta su finca para conocer el lugar en donde él había sembrado agua.

Nos dijo ke era relativamente cerca, aunke casi fue otro calvario llegar hasta el lugar por una carretera estrecha y destapada, en donde el auto casi pierde la paciencia y se devuelve.

El maestro Lufegal, kien conducía el vehículo, pienso ke deseaba tirarlo por el precipicio.

Cuando llegamos a la cima de la montaña, el maestro se negó a bajar del vehículo. Yo me bajé y kise recorrer con don Antonio, mas no llevaba los zapatos adecuados y tuvimos ke optar por mirar el primero de sus experimentos ke no decía mucho.

Con un poco de tristeza nos subimos de nuevo al automóvil, no sin antes conocer la familia de don Antonio ke se encontraba en el corredor de la finca. Nos presentó  a su esposa, su nuera, su nieto y a una vecina ke, imagino, deseaba conocerme.

Ya de regreso, fue más fácil llegar al pueblo en donde pude ver cuántos avances ha tenido y cuántas cosas maravillosas han hecho.

Pensábamos salir para Medellín a las 5 p.m., pero llegamos al pueblo un poco más tarde de las 6.

Toda la gente saludaba y sonreía a nuestro paso.

Fue bello saber ke pudimos ayudar al restaurante, los meseros, los dueños de mototaxi, los camperos y a muchas personas del pueblo ke vendían artesanías.

Al kerer desplazarnos ya para Medellín, kise ir al baño para evitar problemas en tan largo trayecto, y trácata, se fue la luz, algunas reginistas me acompañaron hasta una cafetería y Teresita ke tenía su celular, me lo prestó con la luz para ke pudiera ubicarme.

Salí y dejé a unas personas allí ke esperaban turno para entrar a  un cuarto de uno por uno, pero limpio.

Salimos rumbo a Medellín, no tuvimos inconveniente hasta llegar a la autopista a la altura de la estación del metro de Sabaneta. Otro calvario cuando ya los ke veníamos allí, Gloria, José, Luis Fernando ke conducía y yo, se nos había borrado la raya.

El tráfico venía a paso de hormiga tísica, nadie hablaba y si de pronto lo hacíamos, era casi con la boca cerrada del cansancio ke traíamos.

De pronto el maestro Lufegal, se iluminó y pasó a la carretera de Envigado y ahí, ya logramos avanzar. Llegamos a casa, casi a las  10 p. m.

No recuerdo ké comimos, pero lo hicimos y cada uno casi con los ojos cerrados, se desplazó a sus habitaciones para llegar a unas camitas ke deliciosamente nos esperaban para consentirnos y arrullarnos y, así tener el gran descanso ke anhelábamos.

Gracias a todos los ke me acompañaron y tuvieron la paciencia para esperar la noche.

Gracias porke desde la cumbre de esas montañas, logré  hacer un buen trabajo para ese bello y sufrido pueblo.

Ahora más ke nunca:

 
Te amoooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo

Regina “11”

Medellín, 13 de julio de 2018